Las crisis bancarias no son eventos desconocidos para las sociedades modernas. Sin embargo en los últimos años éstas han vuelto a capturar la atención de economistas y público en general. Esto se debe, primero a la elevada frecuencia de dichos eventos en las últimas dos décadas.
Un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) señala por ejemplo que durante el periodo 1980-1986, 133 de los 181 países miembros del FMI experimentaron crisis bancarias sistémicas.
Un segundo factor que llama la atención es que las crisis bancarias no están relacionadas con el grado de desarrollo económico de un país. Estos episodios se han registrado tanto en naciones industrializadas (p.e. Estados Unidos, Finlandia, Japón, Noruega y Suecia) como en países en desarrollo.
En medio de una crisis muchos buscan explicar las causas de la misma. Los reguladores culpan a la mala administración bancaria, los banqueros hacen referencia a leyes inadecuadas, políticas gubernamentales ineficaces y volatilidad macroeconómica. Los periodistas y los partidos políticos de oposición apuntan hacia la delincuencia y corrupción. Por último los economistas dan especial énfasis a incentivos inadecuados para una eficaz administración de los bancos.
Actualmente se reconoce que estos episodios de crisis sistémicas son en general el resultado de una combinación de factores tanto macroeconómicos como microeconómicos. Entre los factores microeconómicos se encuentran la administración deficiente de los bancos, la falta de regulación y de supervisión apropiadas, intervención excesiva del gobierno, créditos otorgados a personas vinculadas con los bancos, préstamos por motivos políticos, un seguro de cobertura total sobre los depósitos y deficiencias en el marco legal y judicial. Los factores macroeconómicos comprenden caídas en los términos de intercambio, repuntes en la tasa de inflación, crecimiento acelerado en el crédito al sector privado, salidas inesperadas de capital y recesiones económicas.
La Experiencia Internacional
Como ya se mencionó las crisis bancarias rebasan durante las últimas dos décadas más de una centena, todas ellas consideradas sistémicas.
La volatilidad en la balanza comercial y en las tasas de interés y tipos de cambio pueden ocasionar constantes problemas bancarios. El Banco Mundial reporta que el 75 por ciento de los países en desarrollo que experimentan una crisis bancaria sufren un déficit comercial de por lo menos 10 por ciento antes de la crisis. El déficit comercial puede dificultar los pagos en moneda extranjera ya que la caída tiene que compensarse con un superávit en la cuenta de capital. Esto puede tener un impacto dramático en los tipos de cambio así como en las tasas de interés a medida que los gobiernos intervienen para proteger sus monedas y/o los inversionistas exigen mayores rendimientos. En este entorno muchos prestatarios pierden su capacidad para pagar los intereses de sus préstamos, lo que a su vez puede frenar su acceso a capital de trabajo fresco. Si esto no se resuelve pronto una espiral en descenso los llevará con seguridad a constituirse como créditos vencidos para la banca.
La mala administración interna del riesgo y la falta de incentivos también pueden conducir hacia problemas sistémicos. Los administradores de los bancos que asignan una enorme cantidad de sus fondos a industrias seleccionadas sin diversificar sus carteras han sido fuente importante de muchas insolvencias bancarias. Aquellos administradores que no logran cubrir sus posiciones contra pérdidas, se enfrentan a un aumento de pasivos con importantes desequilibrios, tanto de vencimientos, como de monedas, tornándolos vulnerables a las bajas en la economía.
Los propietarios y administradores de los bancos a menudo se ven atraídos por la promesa de interesantes comisiones y utilidades, lo que les hace continuar agresivamente con políticas de crédito arriesgadas. Frecuentemente dichas prácticas reflejan la falta de pericia, capacitación y/o controles, sin embargo la experiencia ha demostrado que los incentivos suelen jugar un papel más importante. Los programas de compensación que se basan en incentivos mal diseñados pueden ocasionar que los administradores se enfoquen más en la cantidad de préstamos nuevos que en su calidad. Con frecuencia los administradores y propietarios de bancos subcapitalizados fomentan las políticas especulativas con la esperanza de obtener grandes rendimientos.
Los gobiernos por lo general previenen la quiebra de sus bancos con el objetivo principal de proteger a los ahorradores y otros acreedores. Actualmente la mayor parte de los países brindan algún nivel de protección a sus depositantes. Ante la amenaza de una crisis sistémica, usualmente se adoptan garantías del 100 por ciento de los depósitos.
La liberalización financiera y los controles inadecuados en el otorgamiento de autorizaciones pueden dar como resultado una acentuada competencia dentro del sector financiero. Los bancos locales se ven forzados a competir con los bancos extranjeros, las instituciones financieras no bancarias y los bancos recién autorizados. Como sucede con frecuencia, la competencia por el negocio lleva a una relajación en los estándares de los préstamos. Dentro del sector bancario recién privatizado muchos gobiernos no modifican el marco regulatorio como se debe y con frecuencia los reguladores no están preparados.
Otra causa común que se ha observado en las crisis sistémicas es un marco legal inadecuado. Las anticuadas leyes de quiebra y las de juicios sobre garantías hacen sumamente difícil el cobro de los créditos.
El caso de México 1995
A partir de 1982 con la nacionalización de la banca, el ahorro de la población se destinó fundamentalmente a financiar el déficit del sector público.
Como consecuencia de la nacionalización se perdió la cultura de crédito y con ello toda una generación de profesionales del sector bancario. El estatus del que gozaban los bancos nacionalizados así como sus limitadas actividades produjeron también la pérdida de supervisores bancarios calificados.
A partir de 1989 el saneamiento de las finanzas públicas y la liberalización financiera permitieron un incremento importante en el crédito al sector privado, el cual no fue acompañado de una adecuada estructura de evaluación crediticia y de una supervisión adecuada.
Durante 1991 y 1992 se llevó a cabo el proceso de privatización bancaria en un ambiente sumamente optimista en cuanto a las expectativas futuras del país. Durante el mencionado proceso de privatización existió el problema de información limitada sobre la solvencia moral de los postores, ello impidió que los filtros que estaban diseñados para dicho proceso tuvieran éxito y produjo que algunas instituciones fueran asignadas a personas sin la adecuada solvencia moral. Ante un ambiente altamente competitivo y con un número limitado de bancos a la venta se pagaron cantidades y múltiplos extremadamente elevados que llevaron a los nuevos administradores a prácticas poco sanas con el afán de obtener el retorno de sus inversiones.
Con la privatización de la banca no se renovó en tiempo y forma la regulación y supervisión del sistema financiero que en aquel tiempo mostraba deficiencias importantes.
Las normas contables anacrónicas y la falta de transparencia de la información dificultaban conocer la verdadera situación financiera de las instituciones. Baste recordar que la cartera vencida sólo computaba el número de pagos vencidos y no el saldo total de los créditos; además existía una larga tradición del gobierno de proteger todos los pasivos de la banca lo que no fomentaba la disciplina de mercado. Tampoco se puso el énfasis en los problemas futuros que podría acarrear el apalancamiento excesivo con el que algunos accionistas adquirieron los bancos, esta última situación generó además incentivos inadecuados en la administración de diversas instituciones.
La mayoría de los bancos buscaron aumentar su participación de mercado otorgando el crédito de manera extremadamente agresiva y que a la postre resultó imprudente. En algunos casos esta expansión fue acompañada de operaciones irregulares o hasta fraudulentas poniendo en riesgo la solvencia de las instituciones.
Ya para finales de 1993, los índices de cartera vencida se habían incrementado de manera importante, ubicándose en aquellos momentos el índice de morosidad en 13.9 por ciento. Las reservas de cartera a cartera vencida ascendían al 14.5 por ciento, lo que claramente mostraba una insuficiencia importante. Por su parte, el índice de capitalización de 9.9 por ciento era claramente insuficiente y la calidad del capital era cuestionable.
Este conjunto de indicadores evidenciaron la falta de capital y de solvencia del sistema en general. De haberse transparentado la problemática en su momento seguramente se hubiera enfrentado una "corrida bancaria", es decir, los ahorradores masivamente hubieran solicitado sus depósitos, sin embargo las instituciones de crédito, incluso las más sólidas, no hubieran podido liquidar inmediatamente sus inversiones y satisfacer las solicitudes de los depositantes.
Para septiembre de 1994 la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) había intervenido gerencialmente dos bancos "Unión y Cremi" y tres más se encontraban bajo programas correctivos "Banpaís, Obrero y Oriente". Mientras tanto en el resto de la banca se intensificaron las tareas de supervisión.
La crisis económica que se revela a partir de diciembre de 1994 agravó aún más la situación del sector bancario. En el primer trimestre de 1995, el peso se devaluó frente al dólar en un 96 por ciento, las tasas de interés se dispararon del 20 por ciento al 110 por ciento y el ingreso cayó en forma abrupta. Esta situación fue particularmente grave para:
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Los individuos endeudados cuyo salario real disminuyó; |
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Las empresas que tenían un endeudamiento excesivo; |
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Los sectores mas sensibles a la contracción del mercado interno, y |
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Las empresas que se habían endeudado en moneda extranjera sin contar con ningún tipo de cobertura. |
El impacto negativo de la crisis se reflejó inmediatamente en un deterioro importante en la calidad de la cartera de crédito de la banca. Los bancos que aún antes de la crisis mostraban signos de fragilidad enfrentaron una situación muy grave. Adicionalmente el margen financiero de la banca fue severamente afectado por una parte dado el desequilibrio entre los plazos del crédito y su fondeo, así como por la velocidad de repreciación de las tasas activas y pasivas.
La alta concentración del sistema bancario mexicano lo hizo aún más vulnerable. Los tres mayores bancos representaban el 50 por ciento de los activos y solamente 19 bancos constituían el 97 por ciento del Sistema Bancario; así el riesgo de contagio por el quebranto de una institución se hacía evidente.
Hacia finales de 1994 y principios de 1995 era clara la insolvencia de algunos bancos con una amplia posibilidad de enfrentar una "corrida bancaria", y por ende, el colapso total del sistema financiero. Dicho colapso pudo evitarse gracias a:
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El programa de ajuste económico que incluyó entre otros las líneas de crédito del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de América, del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial; |
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El paquete de apoyo a la banca instrumentado por las autoridades financieras; |
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El respaldo gubernamental otorgado a prácticamente todos los pasivos bancarios, y |
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Las importantes inyecciones de capital de los inversionistas nacionales y extranjeros en el sector bancario. |
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| fecha de última actualización: 11 de junio de 2008 por ECC |